lunes, 2 de junio de 2008

>> Posibilidades reales

El fin de semana en Granada ciertamente me ha gustado mucho. Desde la misma carretera se puede ver una parte de la ciudad como escalonada y toda ella hasta donde alcanza la vista está llena de castillitos, cada cual a su manera, una maravilla imposible de realizarse en Getafe, por ejemplo, y no solo es que yo lo viera, esto lo dijo él que se llama Alberto y me llevó con él a la boda de su hermana.

Creo que esta gente y alrededores y demás quedan más cerca de la gracia por naturaleza que los madrileños, entiendo que como nosotros somos de todos sitios y de ninguno tenemos menos memoria y por lo tanto es más difícil recordar que es bueno reirse, como que tenemos prisa.

Tan pronto como terminó la ceremonia nos pasamos por el hotel porque quería que me cambiase, me habló de lo exquisito de la tela del vestido y no se qué con tal de no decirme que le estorbaba el foulard en mi espalda, volvimos en taxi y nos dejó en una placita donde había una estatua oscura en bronce diría yo pero que no sé quienes eran, parecida a esa que tienen ahí en Puerta del Angel que creo que es Isabel II, creo que aquello era el centro o no sé.

Allí sacó dinero en un cajero automático y nos pagó al taxista y a mi que le aguardaba aún en el asiento trasero. En el trayecto ante la cortesía del andaluz intercambié datos con el taxista, la alhambra posibilita visitas turísticas de noche y dentro el Carlos V aquél hizo también su cabaña aunque yo en un principio no lo viese posible.

Ahora que lo pienso más quizá la estatua sea de los reyes católicos, abuelos de este Carlos por lo de la entrega de llaves de Granada porque algo de eso hubo, yo que sé. Desde donde nos encontrábamos al poco rato me hizo saber Alberto que tras mucho andar se podía subir arriba del barrio y contemplar desde alli las murallas y demás de la alhambra iluminada. Lo que no me dijo ahi es que tras mucho beber volveríamos directamente al hotel.

Él había bebido, sí, pero yo bebí por mi, por él, por su hermana la casada, por su hermana la soltera y por las damas de honor que no entiendo yo el por qué no las hay puestos todos como están en comprarse trajes. Bebí por toda Granada y parte de Andalucía, el vodka te lo sirven siempre igual de frío en todos sitios.

Cogimos lo que viene a ser una ronda que nos llevó de nuevo a atravesar media ciudad o yo no sé y en este taxi se escuchaba, bajito, una melodía de chambao muy sugerente, le pedi que subiera el volumen y con la tontería de que si yo hago siempre lo que quiero y no se qué fuimos enredándonos, me gustaba el olor que lamí en su cuello y sé que me dijo un par de veces al oído que quería clavármela y luego sé que hubo un par de curvas y que el taxista al ver que la cosa se le ponía fea nos hizo saber que tenía mujer e hijos.

En la recepción no sé si habría alguien pero de haberlo entiendo que se quedaría perplejo. Alberto me llevaba literalmente arrastrándome por un brazo, sacándome un par de pasos, como en plan secuestro a la vez que iba maldiciendo porque no recordaba dónde tenía la llave.

Pasillito adelante le dio por recogerme el pelo intercambiando besos y mordiscos en mi cuello mientras a su vez se peleaba con los corchetes de mi sujetador. Aún no había abierto la puerta y me tenía ya medio desnuda, lo que tardó en cerrarla y se pegó a mi por completo. Prometía con sus prisas en rozarse con su polla en mi entrepierna, a trompicones llegamos hasta la cama.

-mira cómo me tienes, corazón-

Algo así me dijo, yo sé que contesté

- y tú a mi el hígado a saber cómo me lo habrás dejado-

volvimos a enredarnos y acabamos echando un polvo más que aceptable, me gustó cómo me apretaba las nalgas mientras no paraba de darme y también hizo alguna que otra monería con la lengua. Recuerdo despertarme y le tengo allá abajo besándome las rodillas queriéndome abierta.

El domingo tras pasarnos a despedir a la familia volvimos por el hotel a follar por última vez, esta vez sobria y encantada de nuevo con el olor que desprende, me lo hizo más despacio, con menos prisas, también en la cama, nos gustó a ambos, es un chico muy majo. Conmigo ha aprendido que hay ciertas contracciones que yo hago cuando a mi me da la gana, se autodefino ignorante y me contaba tonterías con los ojos brillantes, un encanto. Lo que más me gusta de esta gente del sur es que lo hacen todo con alegría.

5 comentarios:

brujito dijo...

Pues yo me reitero, disfruto con los lisergicos pasajes de esta golfa, pero de saberlos imaginarios, perdería totalmente mi interés.

P.D.: Estoy harto de ir de bodas solo...

Clara dijo...

BRUJITO. Eso de lisergicos no es reiterativo, eso es nuevo. Al igual que lo de golfa, la golfa es la otra chica no yo.

W. Somerset dijo...

no he tenido ocasión de observar el fenómeno, pero te juro que ahora me muero de ganas de que alguien se case para ir a observar y percartarme de si algún invitado está requiriendo de servicios de compañía...

Personalmente, si tuviera que debutar en solicitar estos servicios, no los desperdiciaría en una boda. Lo que no quiero para mí, no lo quiero para nadie. Las bodas son una mierda. Los divorcios me hacen sonreír. Hay comunidades autónomas donde el índice de separaciones es mayor que el de casorios. Ojo al dato.

Clara dijo...

WILLIAM. Bueno, dependerá mayormente de la capacidad de camuflaje de cada cual.
A mi tampoco me gustan, es una pantomima, todo sobre guión. Los divorcios son más originales creo yo.

Juan C. dijo...

jajaja
me he descojonado con el post.
Muy bueno niña!!!


En qué zorreas