jueves, 7 de febrero de 2008

El beber y el follar

A veces tengo días como este de hoy en que no me apetece escribir ni lo más mínimo puesto que no tengo nada que decir, o quizá esté ya todo dicho. Me gusta el vodka más que a un tonto un lápiz y cuando volvía de la compra con dos botellas me encuentro a la vecina de siempre.

Me ha hecho una pregunta detrás de otra, se asombra porque no tengo tv, me pregunta si tengo llave de la azotea para no se qué de la antena, y yo no sé por qué pero me habla del hombre del tiempo y de Enrique el del kiosko como si a mi me importasen algo sus vidas. Sé que no está lejos el día en que me venga indagando de si tengo o no tengo novio y de la nueva ley del divorcio o algo, lo extraño es que no me haya preguntado hoy. Tengo claro que igual que se sale del armario de vez en cuando salta una zorra, siempre las ha habido y las habrá y la mujer del kioskero es una más y vivimos en madrid, no pasa nada.

Hoy no me apetece escribir aunque esta noche he quedado pero solo es una visita, pienso que habrá poca cosa. Eso sí, estreno parada de metro, no lo conozco, Valdeacederas, pegadito ya con la plaza de castilla. Sinceramente: estoy triste, sí, qué pasa, voy a la calle Bravo Murillo que he leído por simple curiosidad que es un ilustre extremeño y me he acordado del ciego que me contaba esas cositas y me han dado ganas de verle y me pongo triste porque estoy completamente segura que él no puede decir lo mismo. Puta mierda, lo zorra que soy y con estos pensamientos pero es que es el último polvo así realmente decente que merece algo la pena recordar, y el beber y el follar son dos cosas muy importantes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

...y tanto.
Animo clara que no esta todo perdido, te veo muy depre; a tu vecina mejor ignorarla por completo, aunque claro, no podrias ponerla a parir en tu blog.
Bilbo

Noviembre dijo...

Esta gente tan aburrida que no tiene otra cosa más que meterse en indagaciones sobre la vida de los demás son un verdadero peligro, cuanto más lejos: mejor.
El mostarte triste por las desgracias ajenas te revelan como una mujer sensible y eso algunas veces también es un peligro, un peligro encantador.
Cuidate,
un abrazo.


En qué zorreas