miércoles, 5 de diciembre de 2007

Trece rosas

La voz del sordo que no es el sordo y se llama Julio, además de la voz tiene tremendamente armoniosa la dentadura, es algo asombroso. Llegué a las 16h en punto tal como quedamos. Fuimos caminando desde Ópera, punto de encuentro, sin rumbo fijo y salimos a la plaza del Callao desde Santo Domingo. Me llevó a un sitio donde no había estado jamás, en la Fnac hay una planta (o quizá varias) toda entera de libros y tienen habilitada allí una sala y la gente entra y en sillones o en el mismo suelo se lo leen.
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Yo todo mi afán era hacerle reir para que me dejara ver sus dientes. Tras salir de allí nos metimos en el Rodilla de la esquina, me invitó a un sandwich y ahi fue cuando me dijo que tengo "algo" en la mirada, no vengo a saber lo que es pero me contó que por eso no dudó en que debía verme, que hay algo en mi mirar que le resulta familiar. Allí también me explicó que nunca había estado con una prostituta y que no pretendía acostarse conmigo, se ponía muy nervioso al hablar de esto, miraba alrededor, cambiaba de postura... le tranquilicé y para serenarle le dije que haríamos lo que él quisiera, esto pareció provocarle justo lo contrario, me dio la risa y creo que le avergoncé.
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Me pagó antes de salir del Rodilla, me dijo que tenía que pensarse algunas cosas, que me llamaría de nuevo. Le espeté que le invitaba a un cine, me miró incrédulo pero accedió. La película: Trece rosas: una tragedia. Pero la voz del sordo se animaba por momentos y me contaba, bajito, extractos de la Historia en la película, yo me inclinaba sobre él para escucharle y era entonces cuando le olía y lo hacía divinamente y él con su cara de niño me miraba y me indicaba, a mí, muda, que guardara silencio y atendiese a la pantalla.
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Con lo que quedaba de mi cargamento de palomitas salí comiendo de los cines. En la misma puerta, bajando los escalones, me indicó de nuevo que me llamaría y fue cuando le pregunté cómo iba a despedirse de mi, me miró apurado y antes que dijese algo le besé los labios y me mantuve ahí frente a él un segundo y su boca, perfecta, buscó la mía plantándome un beso tremendamente dulce. Bajamos andando de nuevo a Ópera donde yo me meti en el metro.
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Entre estación y estación vine pensando que me recuerda a Pedro, ni que fuese ayer: yo con mis dieciséis añitos recién estrenados y él agarrado a los barrotes de la verja desde la que me estuvo hablando más de media tarde y recuerdo que se tiró tres horas para darme un puto beso. Pedro o Julio qué más da pero a mi esto de que yo le recuerde a algo/alguien no me apetece lo más mínimo, a mi me ha recordado él al sordo y al Pedro de hace más de una década y con eso ya me aburre, pobrecito, es por esto que quizá existe ese dicho de "las comparaciones son odiosas".
Mañana me marcho al pueblo toledano a llevar flores a la difunta, últimamente esto está lleno de muerte y calamidades pero volveré.

4 comentarios:

Jaime dijo...

Hola, Clara. Estoy recien llegado a Madrid. He venido por cosas muy concretas. Esta mañana he ido al fnac, he hecho varios recados por Callao. Me impresiona leer tu relato, pienso que me podría pasar a mí. El río de los dientes perfectos te llamaría. ¿Cómo consiguió tu móvil? Te he visto en Azotes y Nalgadas. Me gustaría contactar contigo. Mi mail es jaime.merlyn@gmail.com

Clara dijo...

Jaime: para contactar conmigo tienes mi email en mi perfil.

renfield sonia dijo...

Con 16 años tambien me tire tres putas horas para darle un beso a esa inglesa tan rubia... no sabia si queria seguir hablando de take that o mirar las olas... ademas no la entendia demasiado bien... al dia siguiente no quiso saber nada de mi, hoy creo que se que no le interesaba demasiado la musica... asi que gracias por recordarmelo, ahora puedo hacer otra muesca en mi lista de "grandes ocasiones perdidas"...

Clara dijo...

Renfield: habrá que irlo compensando luego con "triunfos inesperados" o algo.


En qué zorreas