viernes, 14 de marzo de 2008

>> Ché, qué bueno que viniste

Hacía mucho tiempo que no me lo hacía en un sitio público y bastantes meses más que no me follaba a un argentino, algo más de un año. Ocurrió anoche, a las siete en punto me presenté en la cafetería de la calle Martín de los Heros donde habíamos quedado en lo que era mi regreso a Argüelles.

Allí lo primero que me dice es con vos para recriminarme el hecho de llevar falda pero me gusta, es extrañamente guapo y muy argentino por lo que mientras apago mi cigarro en el cenicero de la barra le clavo los ojos y sonriéndole le digo que se largue, que estoy esperando a un pelotudo.

aclaración nº 5 - 1ª
La noche es clara y con suerte, es simpático y huele muy bien, lo que no supe es si llevaba o no mentón metido debajo de la barba así que me dediqué a explorarlo mientras él me contaba en argentino que su mujer no era en realidad su nada, que estaban enrollados como yo a los quince, cada uno hacía lo que le daba la gana, a él le apetecía acostarse conmigo aunque tenía que manejar para llevarme a su casa porque los taxis no se cogen y su mujer que no lo es me contó que trabaja o rueda o lo que sea porque es actriz de películas que jamás voy a ver como el otro lado de la cama o yo no se qué porque me dijo unas cuantas.

A mi me gusta lo que cuenta por la forma en que lo hace aunque sean chorradas y en ese café estuvimos un par de horas bebiendo hasta que llegó quien sea con bastante retraso y le entregó unas llaves y una carpeta y ya al rato salimos. Subimos hasta Rodríguez San Pedro andando y en la esquina de la zapatería me hizo pararnos y hube de elegirle un par de zapatos. Ahí ya comenzaron los besos en silencio madrileño.

Me indica que tiene más vodka arriba, que ya llegamos, que mejor nos vamos a la casa de la chica al tener la llave pero a donde llegamos es la entrada de una caja de ahorros y mientras no se despega de mi saca la cartera del bolsillo y de ella extrae la tarjeta de crédito, débito o la de vuelva usted mañana y en lo que tarda en pasarla por la banda ha abierto la puerta y me ha metido dentro mientras sigue mordiéndome la boca.

Como soy una buena mina dejo que sea él quien queda en posición de vernos por la cámara, agradece ahora el que haya acudido en falda y mientras me repite que estoy rebuena se ha sacado ya la polla del boxer y dice que quiere cogerme.

El sujetador que es la debilidad de Héctor pasó permanentemente desapercibido, anduvo bien entretenido con mis pezones mientras me tenía contra la pared alzándome la pierna derecha. Y con la pierna derecha sin tocar suelo saldré yo en una película de unos diez min. aprox. de duración echando un medio polvo en el portal del cajero automático, una guarrería de polvo pero a la vez todo como muy simpático, el argentino cachondo perdido desde antes de cruzar Princesa, era evidente que en esas condiciones no llegaríamos a ningún sitio.

En cuestión de veinte min. llegamos a la casa. Allí nada más entrar hace un par de llamadas telefónicas, deja la carpeta encima de una mesita tras anotar algo y se recuesta a continuación en el sofá, invitándome a acercarme.

-¿sabés? ahora vendrá esta mina que debe recoger unas cosas, saber que viene de camino como dice me pone bastante caliente y el que vos estés acá conmigo-

Se le quitó incluso el acento que tiene al hablar cuando ella se presentó antes de lo previsto y por supuesto sin llamar al timbre. Cuando accedió al salón yo aún me encontraba abrochándome los botones de la camisa, me observó pero no dijo absolutamente nada por lo que o ella también le engaña o es medio retrasada y vive aceptándolo, no sé, lo que sí tengo claro es que por muy actriz que sea yo no la había visto antes en mi puta vida.


8 comentarios:

W. Somerset dijo...

En mis experiencias laborales con argentinos el desenlace siempre ha sido patético. Bla, bla, bla, bla, bla, bla... y a la hora de la verdad, el curro mal hecho y todo resulta un pufo. Y viéndolos con tías... intentando acaramelar... Bueno, si a ti te molan, quién es nadie para decirte nada. Personalmente, éste me parece más gilipollas que Gregorio. Aunque si a ti te gustó, pues vale.

davidsara dijo...

jajajaja che!

Clara dijo...

SOMERSET. Este creo que más que tonto es un listo, un hijo de puta vaya. Pero no es lo mismo escuchar chorradas en castellano que en argentino, he aquí el gusto, por lo demás nada. El disfrute espero que sea esta noche.

W. Somerset dijo...

Pues aprovecha esta noche porque me parece que se acerca la primavera!

He estado paseando con el chucho esta mañana y no he parado de estornudar: síntoma número uno, la guerra del pólen ha comenzado.

Luego he tenido andando delante de mí una chiquita con el pelo negro azabache, con una camiseta verde intenso muy ceñida y con un escote de vértigo. Llevaba unos tejanos azul mecánico muy arrapados y de pitillo, rematando con unos pies preciosos en zapatos de tacón blancos... ME HE PUESTO MUY MUY PERO QUE MUY TONTUNO: es el síntoma número 2.

Chicas, por favor, sed generosas con vuestros cuerpos. El mundo os necesita!

A la mierda los argentinos espabilados y su acento apestoso.

Clara dijo...

Si, para gustos los colores y para estaciones la primavera, vengo yo ahora del parque con una tontería encima bastante considerable, hace un sol espléndido y ni frío ni calor.

Miquel dijo...

Jopé, por fín un blog escrito por una mujer y no abandonado en los tópicos.
Salut!!!

The sea, the sky, the dust dijo...

A ver...camisa con falda? Seguro que estás rebuena y ojalá hubiera sido yo el vigilante que veía las cámara que os grababa pero... camisa con falda no me convence, es como papas con ketchup pero sin mayonesa, o un día nublado pero sin cerveza en la nevera. O como la metafísica sin Kant. Acuérdate de la moraleja, en la piscina, que no te roben las chanclas!

Clara dijo...

THE SEA...Qué sinceridad, ya entiendo, pero te aseguro que yo iba estupenda, la falda no era una bufanda vaquera, era una monería de lycra negra, por encima de la rodilla, que va con camisa porque a mi me gusta así. Tu moraleja se me resiste, no sé qué pasa.

MIQUEL. Qué nombre más chulo, me gustó.


En qué zorreas