miércoles, 23 de mayo de 2012

Trabajos forzados

He terminado de pagar el piso con intereses. Javier, el del banco, me ha dicho que tengo suerte porque estamos y parece que se avecinan tiempos aún más jodidos para todo aquel que tiene una deuda. Esta vez no ha sido necesario viajar a ninguna parte para dar por finalizados los trámites, no soy tan torpe como para no entender los recibos bancarios. Le he dicho que cuando quiera pagar por mis servicios, que no dude en llamarme pero ya dije antes que no soy tan torpe como para facilitarle un número de teléfono que suene cuando llame. Sé que va a llamar, y más de una vez, y sé que no va a sonar, aunque de hacerlo no va a ser Clara quien responda.

He terminado de pagar el piso con intereses, decía, un piso en el cual no deja de entrar y salir gente.

La Sandra anímicamente está mejorando mucho, ahora sale de casa, se depila y se folla a Eduardo a quien ha conocido en el gimnasio y quien no deja de mirarme las tetas. Supongo que lo hace por el hecho de que no llevo ropa interior debajo, pero es mi casa y yo me paseo por mi casa como me da la gana. Él realiza varios paseos al frigorífico porque es mucho el agua que bebe y porque la Sandra le invita a desayunar con ella.

A Marcelo se le ha muerto un hijo y supongo que también las ganas de pasarse por esta casa tras la intensa discusión que tuvimos hace unas semanas. No sé qué tipo de registro llevó a cabo en mi armario una tarde mientras yo tomaba una ducha, pero fue recogerme el pelo con una toalla y entrar en mi habitación y allí estaba sentado en mi cama, esperándome. Sin decir palabra me arrojó a la cara una camiseta corta y grisácea que Giancarlo dejó olvidada.

Sólo alcanzó a decirme mala puta, pero lo dijo con todas las letras y clavándome los ojos. Se levantó muy excitado, empujándome y apresurándose a echar el cerrojo de la puerta. Muy rápidamente me cogió ambos brazos, zarandeándome y preguntando con quién había estado. Le pedí varias veces que me soltara pero no hacía caso, él preguntaba y él mismo se respondía.

-sabes que no puedo venir todos los días, lo sabes- me decía -seguro que me has estado engañando cuando no he venido- no eres más que una puta, dime quién es-


Con una mano cruzó las mías en mi espalda y ayudándose de la otra tiró del cinturón del albornoz hasta retirarlo completamente, atándome con él mis dos muñecas. Por más que lo intenté con todas mis fuerzas no conseguí liberarme y después me tiró sobre la cama. Con la misma camiseta grisácea me amordazó la boca para que la Sandra, si llegaba, no llegase a escucharme. Pataleé cuanto pude hasta que me frenó y me abrió de piernas con la misma fuerza con la que antes decía quererme.

Se sacó el pantalón dejándolo en el suelo en lo que dura un segundo y con la polla más dura que nunca. Me la metió de una sola vez y hasta el fondo y, antes de decidirse a empujar como si se terminase el mundo, me preguntó al oído si acaso yo no tenía bastante con lo que él me daba. Después comenzó a follarme, enloquecido, sosteniéndome ambas piernas y dejándome un cardenal en la izquierda. Cesó de pronto y arqueándome aún más las caderas metió la lengua en mi coño succionándome seguidamente, escupiendo y maldiciendo todavía con el puta en la boca.

Consiguió humedecerme lo suficiente como para que su polla se deslizara sin problema dentro de mí y según su deseo. De vez en cuando se aseguraba que yo no pudiese sacarme la camiseta de la boca para gritarle al mundo y me cogió varias veces por el cuello mientras me penetraba aún con más fuerza sin dejarme patalear. Él mismo se decía en voz alta que eso seguro que me gustaba y yo, mientras sentía el golpeo de sus pelotas, me concentraba en el intento de desatar el nudo que me había hecho detrás.

Cuando entendí que ya él iba perdiendo facultades me desaté por completo sin que se diese cuenta y esperé sin moverme el momento ideal para lanzarle una patada voladora a la nariz, porque tampoco soy tan torpe como para no saber defenderme. Me abalancé muy rápido sobre el cerrojo de la puerta, abriendo y corriendo hacia la cocina mientras le oía quejarse a viva voz maldiciéndome. Allí extraje y empuñé un cuchillo del segundo de los cajones, el cual cerré rápidamente. Cuando pensaba que se me iba a salir el corazón por la boca tuve la suerte de escuchar cómo la Sandra daba la vuelta a la cerradura entrando en la casa.

Cuando Marcelo llegó a la cocina se sabía perdedor y con un movimiento de brazos, como rendido, me indicó que se iba. La Sandra nos observaba, atónita. Muchas cosas se juntaron en mi cabeza, alcancé a decirle que se largase de aquí lo antes posible, le grité que era un imbécil al que le gustaba más follar que estar con sus hijos, que no dudaría en clavarle el cuchillo si se atrevía a dar otro paso más y que no quería nunca más volver a verle.

La Sandra, una vez que reaccionó, presenció estas últimas escenas desde el marco de la puerta de la cocina y me preguntó tres veces si llamaba a la policía, móvil en mano. También recuerdo gritarle que era un hijo de perra y que iba a denunciarlo y ante esto contestó que no hacía falta. Desde luego no hemos vuelto a vernos, pegó un portazo a la puerta y hasta hoy. La Sandra enseguida se acercó a abrazarme y me repitió varias veces que me quería mucho y también dijo que si algo malo me pasaba ella no tardaría en matarse. Creo que es lo más bonito que me han dicho nunca.

Desde entonces, no encuentro ninguno digno de repetición y ya he metido en casa a varios. El chico nuevo del kiosko, aparte de ser aburrido es madridista. Enrique, quien marcaba hasta hace poco mis ejercicios en el gimnasio, no deja de hablar de sí mismo y ya le he dicho que no vuelva y a Pablo, que tanto me gustó aquella noche, le huele mal el aliento y es algo que no quiero seguir soportando. El próximo deberá hacerme mojar el tanga sin tocarme, si pretende conocer el portal de mi casa.

domingo, 18 de marzo de 2012

Tres son multitud


aclaración nº 7 Marcelo vino diciendo la otra noche que va a dejar a su mujer y a sus hijos. Nadie le pidió que hiciera semejantes manifestaciones, lo dijo él solito instantes antes de correrse mientras me lo hacía sobre la alfombra del salón. Una alfombra que, a estas alturas del calendario, aún no he recogido. Le gusta hablar barbaridades mientras me folla, supongo que dice esas cosas para intentar llegar más alto. Sigue estando fuerte y atlético, aguanta bien todas mis subidas.

Últimamente casi siempre estoy de subida. Ya he podido celebrar un par de borracheras con la Sandra, me paso riendo todo el día y Marcelo sigue viniendo al piso con una frecuencia de dos o tres días por semana que es lo que a mí me interesa. Yo no quiero que él deje a nadie, quiero tenerle cachondo perdido todo el día y que entre en mi casa con hambre. La Sandra me dice que así no necesito ir al gimnasio y lo cierto es que me siento estupenda. A veces viene y al cabo de dos horas ya está rendido, pero para eso estoy yo y me aprovisiono sola. Por la mañana, tras estos casos, nos lo montamos antes y después del desayuno y luego no le vuelvo a ver en dos o tres días. Es genial.

Tiene ese afán de fontanero que a mí tanto me pone y una instalación sin terminar en Boadilla del Monte. Creo que se piensa que voy a estar con él siempre y eso me hace mucha gracia. Siempre no existe, todo se puede terminar esta misma tarde. Sólo importa el aquí y el ahora y ahora me gusta follármelo y punto. Soy la única que tiene sexo en esta casa, por otra parte. A la Sandra ahora le ha dado por la pintura y conserva su porro nocturno para cuando se coloca delante del lienzo a pintar absurdeces. Está de lo más entretenida, me hace las uñas y pasea por toda la casa día y noche sin salir a ningún sitio y sin limpiar lo más mínimo. Cree que cualquier mañana el lavavajillas se pondrá solo o que alguien vendrá a reponer el papel higiénico en el baño. Cualquier día les echo a los dos a tomar por culo.

El pensar que Marcelo me lo está haciendo tan bien el caso es que parece excitar a mi compañera. Sé que se encuentra más que dispuesta a hacérselo con él a la menor oportunidad. Ha tenido varias, cada vez que Marcelo sale de la habitación para comer algo ella se pasea semidesnuda por la casa haciéndose la inesperada. Tiene a todas las horas del día mucho calor, la importa poco que los haya muriéndose de frío. Ella estaría encantada de acompañarnos en la habitación, estoy segura.

Si alguien ha de acompañarnos en la habitación me gustaría que fuese Giancarlo, para los tríos no me gustan las rubias. Y es que Giancarlo ha llamado esta noche al número que yo le facilité hace unos días y me ha dicho que abandonará Oviedo el martes y pasará conmigo una semana antes de abandonarme por Florencia. Espero que venga con ganas de follar, aquí le estoy esperando.

Y quien espera, desespera y eso es lo que ha ocurrido hoy después de comer. Marcelo me había dicho que estaría en mi casa a las cuatro y como iban a dar las cinco y no había llegado la Sandra preguntó por él en voz alta. Me encogí de hombros y me dejó una mueca extraña antes de tirarse en la hamaca a ver televisión con el volumen bajito porque se lo he dicho cincuenta veces. Solté la revista en el suelo y volví a mirar el reloj. Las seis menos veinte y Marcelo tampoco llamaba. Pensé entonces en el ataúd de un niño muerto y me vinieron a la cabeza varios nombres, San Sebastián, Barcelona, Vigo.

También la Sandra se aburrió de esperar y tras verter líquido quitaesmalte sobre dos pañuelos de papel usados hace más de una semana y que aún permanecen en lo alto de la mesa procedió a desvestirse camino de la ducha. Me dijo algo del tiempo o el sol desde el marco de la puerta del baño pero no lo recuerdo. Sé que me serví un zumo de naranja y a mi regreso me coloqué frente al ordenador y allí permanecí unos minutos sin encenderlo. Eran las seis y diez cuando sonó el telefonillo y la Sandra dormía su siesta diaria en su habitación.

Venía con la cara desencajada y tardó muchos segundos más de lo normal en pronunciar palabra. Le habían pinchado las ruedas del coche. Eso fue lo que dijo. Al salir de trabajar y dirigirse hacia la furgoneta debidamente aparcada se dio cuenta que tenía ambos parabrisas levantados. Soltó la caja de herramientas en el suelo y no podía creer lo que estaba viendo. El espejo del copiloto bajo el vehículo, tres ruedas desinfladas al máximo y la luna del coche hecha mil pedazos. Me dio la risa, traía el espejo retrovisor en la mano.

Lo primero que hice fue preguntarle qué había sido de su caja de herramientas. En el suelo, repetía. No me lo puedo creer, decía. En el suelo, repetía con la mirada perdida en el asombro. Me puse entonces de rodillas y con mi pie derecho deslicé lejos la alfombrilla de la entrada.

-¿Has comido? le pregunté mientras le abría los botones del pantalón con ambas manos.

Yo diría que llegaba desmayado, tardó en reconocerme. Marcelo está sexualmente apetecible pero sigue siendo torpe y sólo alcanzó a corresponder la escena con un joder Clara. Se agachó para comerme la boca y sabía a pacharán. Me interrumpió en mi faena una y otra vez para irme desvistiendo poco a poco. Me bajó el tanguita a las rodillas después de preguntarme dónde estaba la Sandra. Le gusta que le cuente qué he hecho durante el día mientras  me está comiendo el coño así que comenzó a comérmelo y le estuve explicando.

Cuando no quise hablar más, se apresuró a echarse a mi lado. Dos de sus dedos seguían urgando en el interior de mi vagina cuando me miró a los ojos y me preguntó si se me había acercado algún hombre. Yo le miré la boca mientras él se mordía los labios y lo que hice fue cogerle la polla y no dejar de acariciársela hasta introducírmela en la boca. Volvió a preguntármelo mientras los dos veíamos cómo subía su agitación y seguí sin responderle por más que insistió.

No tardó en girarme bruscamente colocándome de rodillas. Le gusta verme sometida a sus deseos y a mí me gusta mucho que me folle con fuerza. Me preguntó, apareciendo en mi oído por la espalda, que si también estuve así de caliente por la mañana. Su polla recorrió mi entrepierna antes de entrarme y cuando lo hizo lo celebró entre incoherencias onomatopéyicas. Me recogió el pelo, apareciendo de nuevo pegado a mi espalda, para así verme los ojos al decirle que sí que me estaba gustando. Pensé entonces en la puta tarde que me había hecho pasar y en que sí merecía la pena.

No tardó tampoco en cansarse de empujar en la posición en la que se encontraba por lo que me incorporó llevándome hasta el lateral del sofá. Me volcó sobre éste y me metió la polla de nuevo hasta que fui yo la que se cansó y giramos de nuevo. Cuando quise ver su cara de loco ya era demasiado tarde y le tenía desencajado debajo de mí, haciéndome cabalgar dándole la espalda, mientras tartamudeé estupideces acerca del treinteañero que ahora atiende el kiosko. Después saltó para correrse encima de mis tetas y se limpió posteriormente con uno de los pañuelos que siguen en la mesa, supongo que esto de salir corriendo lo habrá visto en películas porno.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Aire


aclaración nº 7 Vivo de nuevo en la gran ciudad. Sigo teniendo a la Sandra metida en casa, está desintoxicándose de su última relación y lo hace bajo mi falda. Está tomando antidepresivos y llora por la noche cuando la hago entrega del único porro de marihuana que la permito fumarse mientras se cree que no la escucha nadie. No voy a echarla, es más, yo misma he decidido volver a mi casa.

Salí del chalet de Víctor para nunca más volver a entrar y dos horas después estaba recogiendo a la Sandra en Barajas. Al menos vuelve sin estar embarazada y sin tener sida, podría ser peor. Yo he vuelto porque estoy harta de tener que sonreir a la puta cámara y tanto salir y entrar de Madrid me desestabiliza. No fue capaz de olvidar el maldito capricho de hacerse un trío y me levanté una mañana mal jodida.

He cambiado de número de teléfono y ahora tengo el que sigue utilizando Marcelo cuando le digo que venga a cambiarme el hielo y esas cosas. Giancarlo ahora está en Asturias acompañando a una vieja y estuvo unos días en Madrid y entre mis piernas. Volverá a finales de marzo. A la Sandra le gustó mucho el italiano y le estuvo calentando la polla cuando salió de la ducha. Después Giangarlo fue conmigo con quien folló sobre el sofá rojo. No puede estar más bueno, aunque no se quita de la boca Florencia.

Con el dinero que tengo ahorrado tengo mucho tiempo para pensar y esto no es del todo bueno. Follo y me divierto cuanto quiero y dentro de poco la Sandra estará lista para salir de cacería conmigo. Hoy se cortó el pelo, esta misma tarde, yo misma lo estuve tiñendo. No sé si volveré a trabajar, no lo necesito. A veces me dan ideas de aceptar la proposición de Marcelo y largarnos los dos, dejando a la Sandra, a su mujer y a su retahíla de hijos atrás. Largarnos a cualquier parte y follar todos los días de la forma en la que lo hacemos cuando pienso en largarme.

Dice que me quiere y me lo está haciendo con ahínco. Hay tardes en las que no sube a casa porque su hijo no se muere pero casi siempre está ingresado o malísimo. Entonces en mi nuevo teléfono no hay otra cosa, en mi actividad laboral ahora mismo tampoco y no me gusta empinar la botella de vodka viendo cómo la Sandra cambia de canal de tv inmersa en su papel de no hacer absolutamente nada por salir del hoyo. Esta tarde tampoco ha venido Marcelo y llevo un par de semanas en las que no me siento las piernas.

Llama al telefonillo en el portal y quiere que se lo coja yo. Me dice cosas desde el portal de forma que cuando sube al piso me tiene bien caliente esperando su entrada. Por supuesto la Sandra sabe que debe desaparecer de mi vista pero aún así, a veces, se hace la remolona tirada en el sofá y tarda en dejarnos. A Marcelo le da exactamente igual porque raro es el día que no le tengo en semejante situación y absolutamente dedicado a mi cuerpo. Cuando he querido llevarle a la cocina lo he hecho, incluso ha dormido un par de noches a mi lado y olvidado cosas que debe pasarse a recoger.

Me gusta cómo follamos, él tiene asuntos personales que atender y yo estoy sumamente receptiva mientras me lo haga tan salvajemente como me está acostumbrando a hacerlo. Supongo que conmigo se desquita, assegura parsarse todo el día con la polla dura pensando en su regreso a mi casa, cada vez con una excusa diferente, cada vez ausentándose más de los suyos y metiéndose más en lo mío que es lujuria desenfrenada. La otra noche me aseguraba que le estoy volviendo loco. Acaso no lo estamos todos cuantos somos.

Yo espero a que llegue con ganas de sentirlo de nuevo dentro. Él llega directo a lo que le lleva urgiendo durante todo el día, clavármela y correrse una y otra vez dentro de mí hasta quedar extasiados y tirados de cualquier manera. Me siente cachonda, sabe que estoy en casa y los dos estamos disfrutando mucho. A la vecina del 2A la tenemos contenta, bien entretenida debe estar atando cabos. Y Marcelo no suda de la forma en la que lo hacía Víctor, por el momento todo son ventajas.

viernes, 6 de enero de 2012

Disputas

Víctor ha tardado más de cuarenta días en comprarme un nuevo ordenador, pero finalmente lo ha hecho. Me ha tenido durante todo ese tiempo incomunicada y dejándome llorar por las esquinas, negándome la palabra y negándose a dejarme ir a comprar otro por mi cuenta. Para ser más exactos, me ha tenido encerrada en la habitación desde el mismo episodio en la cocina cuando le levanté la voz tras ver cómo provocaba la caída del ordenador desde lo alto de la mesa de la cocina.


No hubo noche que no se acercase a altas horas de la madrugada hasta la puerta del dormitorio, preguntándome bajito si ya había recapacitado. Acto seguido amenazaba con no abrirme en caso de que la respuesta fuese negativa. Obtenía solo silencio y allí estaba yo, aguantando mi respiración entre las sábanas para que me pensase dormida y que así entrase haciendo las paces. Pero desde entonces parece que vivamos en una guerra constante.

Tiene el sentido de la propiedad muy desarticulado y las cosas tienen que ser como él quiere, que es el que paga. A veces tiene toda la razón, pero cuando se trata de mi culo o mi orgullo aparezco yo en situación y la cosa cambia yendo mis tetas por delante. 

Días atrás del episodio en la cocina yo le había preguntado por Yazira, la chica interna que atiende la casa, y se mostró distinto. De hecho, minutos después de tener esa conversación con él ocurrió algo. Estábamos ambas en la cocina. Mientras ella nos preparaba el té de las cinco, yo revisaba mis ejercicios diarios sobre la banqueta de la cocina. Me crucé de piernas ante no se qué inoportuna pregunta acerca de las pastas y entonces entró Víctor algo atolondrado. Me clavó los ojos y se colocó justo detrás de mí de forma que no podía verle. Desde esa posición cargó de la jarra un vaso de agua y cuando todo apuntaba a que lo bebería, acto seguido, se hizo un silencio y bajo mi camisón sentí deslizarse su mano derecha de forma que, ayudado de dos de sus dedos, retorció mi pezón levemente el cual abandonó a capricho dejándolo mojado. No tardé en reconocer su rabo, endureciéndose, mientras al momento se frotaba contra mi espalda. 

Nunca hacía manifestaciones de este tipo delante del personal de servicio, por lo que no desaproveché la oportunidad que suponía la primera follada en el interior de la cocina. Giré sobre la banqueta dando así totalmente la espalda a Yazira quien ultimaba la bandeja y, ensanchando la goma del pantalón de su pijama, extraje de una tirada su polla. Él en ningún momento opuso resistencia, más bien al contrario mordiéndose el labio inferior mientras inclinaba mi cabeza para la faena. La presencia de Yazira incrementó su euforia, se hizo evidente atropellando a la chica apresurada pidiéndole que no se retirara hasta correrse. Yo misma la grité que se largara de allí y fue entonces cuando ella salió corriendo dejándonos solos. Víctor me levantó agarrándome por las orejas, cosa que repudio, y poniéndome a su nivel no tardó en girarme bruscamente volcándome sobre la mesa. 

-no quiero follar con ella, quiero follarte a ti. Te voy a dar por el culo hasta que me pidas que me aparte-

Esto último siempre lo termina añadiendo con mucha delicadeza. Y no me gusta que amarre mis manos pero hay veces que es del todo inevitable. Me muerde los dedos de vez en cuando y creo que fue ese día cuando comenzó a hacerlo. Terminó corriéndose en el interior de mi vagina entre un jolgorio de saliva porque ahora le gusta también escupir. Escupe antes de penetrarme porque no comprende que me tiene cachonda perdida. Y escupe mientras tanto, cuando mejor le parece. Y escupe al final, cuando corre al baño a hacer el gorgoteo diario. Aquí estuvo pletórico, limpiándose el glande con varias superficies antes de subir al dormitorio a tomarse el té de las cinco agarrado a mi teta izquierda.

Distinto y no solo en cuanto a Yazira y mis preguntas. Uno de esos días también me vino con la idea de contratar a una chica, osea a otra que no sea yo, para que nos acompañe y tengamos sexo los tres alegremente. Ya me lo ha propuesto varias veces desde esa primera vez, me lo ha llegado a decir en vivo y en directo con indicaciones

-¿ves? ahora, aquí, así, así-

y me lo ha comentado un par de veces haciendo curvas en la conversación para volver a proponerme lo inicial. Pretende, mientras yo le esté comiendo el rabo, no entretenerse en comerme a mí lo correspondiente y sí agarrarse a las tetas de una rubia o prenderse de su boca. Quiere una chica y debe ser rubia. A mí no me gusta la idea pero ya son muchas las noches en las que estamos follando y aparece la rubia en forma de esquema ideal. También son muchas las veces que me ha pedido que se la chupe, cosa que antes apenas sucedía. Ya lo he hecho dos veces estando Yazira presente y de nuevo en una cocina que antes él se resistía a estrenar, por lo que evidentemente volvimos a discutir. Esa discusión nos llevaba de una pelea oral a otra y nuevamente la supuesta rubia haciendo acto de presencia para colocarla aquí o allí y vuelta a empezar y así sucesivamente.

En definitiva, mi ordenador estalló y se hizo cachos en la cocina y Víctor me secuestró literalmente, encerrándome en nuestro dormitorio sin derecho a teléfono ni a gritar, patalear o maldecir. El segundo día me dijo muy claramente que quizá no volviese a salir nunca y estuvo un par de días más sin hablarme. Y así hasta que le debió llegar la sensación de quebrantamiento de polla si no se la chupaba. Entró un buen día, de forma que amanecí con sus caricias en mi entrepierna, esperó a que reconociera y después se llevó un dedo a la boca pidiendo silencio y otro dedo me lo introdujo en la boca devolviéndolo de regreso a mi entrepierna y así hasta que follamos hasta el desmayo. El lograr ir a comprar otro ordenador me ha costado mucho trabajo tras todo esto. No quiere que lea ni que escriba, quiere el ordenador apagado, peleas contínuas tras las cuales me folla como si fuera a terminarse el mundo. 

Considero importantes los repetidos hechos de encontrarme a Yazira inquieta, exaltada, y comprobar a Víctor con ojos de querer follársela. Creo que mientras siga constatando esto continuaremos gozando como animales. Volveré a preguntar todo lo posible cuando la encuentre sola, últimamente no coincidimos. El otro día escuché cómo el chófer comentaba con ella algo en el paso del jardín. Mencionó al señor e inmediatamente pensé que ellos también se habían percatado de sus extrañezas, pero me detuve un momento al escuchar mi nombre y a través de la ventana abierta pude oír cómo el chófer afirmaba habernos escuchado varias veces y aseguraba que yo debía ser una fiera en la cama.

-y decía sube la pierna princesa quiero meterla toda así princesa

lunes, 3 de octubre de 2011

Cuerpo de roca


A Víctor ahora le gusta grabarlo todo. Coge la cámara y me sitúa a cuatro patas, colocándose a mi espalda. Prácticamente cada noche quiere que follemos así sobre la cama. Con la polla dura como una piedra dibuja primero sobre mis nalgas lo que va a hacerme. A mí lo que me hace cada vez me gusta más, con cámara o sin ella. Ha tenido que apartarla de escena en más de una ocasión, le gusta clavármela una y otra vez hasta perder el sentido. Una vez que lo ha perdido se apresura y acude a lamerme, le gusta chupar el mismo agujero en el que ha estado anteriormente y ahí se le puede ver, chupando, hasta conseguir correrme.

Voy como una gata en celo persiguiéndole por toda la casa. Creo que disfruta con esta situación y solicita a Yazira esto o aquello delante de mi presencia, olvidándose de ello poco después cuando me tiene donde quiere: rogándole que subamos a la habitación. Es frío, calcula los tiempos y mis ganas no dejando de sorprenderme. Lleva fuera dos días y estoy que me subo por las paredes, le he pedido que me folle por teléfono y he terminado colgándole por no acceder a mis deseos. Hace un rato he estado revisando alguno de los vídeos que tiene grabados y no miento al decir que pareciera que ha nacido para revolcarse conmigo.

Estos meses los hemos pasado cerca de Pamplona, en otra casa propiedad de Víctor. Nos marchamos antes de lo previsto y nuestra habitación era demasiado pequeña como para querer quedarme allí a vivir, aunque más de una noche esta idea no me hubiera importado y así se lo hice saber. Le gusta ver cómo me someto a todo aquello que me solicita, pero también le gusta torturarme con indiferencia y desaparecer apagando su teléfono. Es entonces cuando me dispongo a interrogar a Yazira, la chica interna que atiende la casa en Madrid, haciendo una pregunta detrás de otra con el fin de encontrar en sus respuestas un leve gesto o contradicción que me haga saber que son cómplices, cosa que jamás ocurre. Me desespera el hecho de que no me lleve con él en todas y cada una de sus salidas, y aún más el que no me explique el motivo.

La semana pasada, justo al regresar a Madrid, dispuso una reunión de trabajo en la sala que comunica con el jardín. A esta reunión acudieron dos hombres y una mujer, todos ellos seriamente trajeados, y la reunión se prolongó hasta altas horas de la noche. Pidió a Yazira que nadie, bajo ningún concepto, les interrumpiera en su trabajo y pude contar hasta cuatro las veces que Víctor marcó a la cocina solicitando que ella les sirviera esto o aquello. Maldije a la mujer del traje varias veces durante la tarde pues podía escuchar su risa golpeándome los riñones. Una vez que se marcharon, corrí a solicitar a Víctor que Yazira nos sirviese la cena en la habitación pero él se negó con tanta sequedad que decidí no insistir. Bajo la excusa de su agotamiento laboral, no hizo nada conmigo esa noche y creo que tardaré meses en olvidarlo.

Desde que regresamos de Pamplona no hemos vuelto a meternos juntos en el jacuzzi. Echo de menos sus dedos arrugados retorciéndome los pezones y ver la espuma mientras me sacude fuera de sí contra los grifos. Me sabe entregada al placer que me proporciona todo lo que me hace y a veces pienso que quizá se aburre y de ahí que desaparezca cada cierto tiempo sin decirme a dónde se dirige. Hoy, que no está aquí, estaría dispuesta a dejarme follar cuantas veces quisiera y de la forma que creyese conveniente pero ni siquiera tengo forma de hacérselo saber. Hace un instante, he vuelto a comprobar que sigue con el teléfono móvil apagado.

Vendrá, porque va a volver, y con toda la indiferencia que es capaz de acumular se sentará en el sillón de siempre observándome y, cuando le parezca bien y se desate la corbata, me pedirá que me acerque para así comenzar su nuevo juego nocturno ya sean las doce de la noche o las cinco de la tarde. Sé cuando vuelve a casa porque horas antes llama para avisar, solicitando al servicio que dejen lo que estén haciendo y se marchen. Siempre es Yazira quien me lo comunica y siempre me encuentra aquí esperando, menos una vez que salí de compras y me dejó una nota encima de la mesita de la entrada.

aclaración nº 7


En qué zorreas